“La
Pasión Por Estar Bien...”
Por
Cutberto Vázquez Castillo
BELLEZA POR SIEMPRE
¿Por qué existen personas de una belleza física
envidiable y a otras la naturaleza las ha desfavorecido..., o al menos eso creemos?
Los perfiles de belleza humana varían y se
rigen bajo diversas consideraciones propias de la época, de la geografía, de
las costumbres y de la raza; sin embargo la naturaleza ha establecido “cánones
naturales” de belleza física que los seres humanos nos hemos encargado y
empeñado en en deformar.
Dos aspectos de belleza importantes en el
cuerpo de hombres y mujeres destacan, por un lado el cuerpo, por otro el
rostro.
Hablemos en esta ocasión del cuerpo. La
naturaleza nos ha dotado de un cuerpo funcional apto para enfrentar los
condiciones que nos plantea la adaptación a nuestro medio circundante,
extremidades para realizar movimientos, estructura para soportar nuestro
esqueleto y órganos, y esto es así desde que “El Hombre” (como especie)
apareció en el Planeta Tierra.
Su belleza radica precisamente en su aspecto
morfológico y funcionalidad para los que fue diseñado; como una máquina el
cuerpo humano requiere de cierta cantidad de “combustible” para mantener su
estado óptimo; cualquier excedente o disminución atrofia la “maquinaria” y
deteriora o dificulta sus funciones y estructura..
Somos nosotros los que destruimos la belleza
del cuerpo, durante su desarrollo con una inadecuada actividad física necesaria
para estimular su crecimiento y definitiva formación, misma que nos acompañará
el resto de nuestra vida: músculos moldeados y fortalecidos, esqueleto
resistente y articulaciones aptas a movimientos diversos, funcionamiento óptimo
de nuestros procesos orgánicos, son solo
algunos de los aspectos en los que el ejercicio contribuye durante nuestro
desarrollo.
De igual manera alteramos la belleza anatómica
con una ingesta alimenticia deficiente en su aporte nutricional y peor aun
excedente en la cantidad de grasas y azucares que no solo disminuyen su
rendimiento y dañan sus partes, sino que además alteran significativamente su
forma.
Durante nuestra edad adulta, de haber hecho
ejercicio durante nuestras etapas anteriores de desarrollo (“construcción del
cuerpo”), nuestro cuerpo estaría altamente calificado para enfrentar las cargas
de trabajo físico e intelectual a las que las circunstancias de la vida nos
enfrenta, manteniendo un estado de salud que se manifiesta en la disminución de
riesgos en la salud física con un cuerpo fuerte y resistente en su sistema
músculo-esquelético, en la salud fisiología y orgánica con un sistema
cardiovascular altamente resistente y en un estado de salud mental que mantiene
nuestra vitalidad en el rendimiento cotidiano y se traduce en una mejor
interacción social y valoración personal (autoestima).
Sin embargo, contrario a lo anterior, lejos de
continuar con una cultura de mantenimiento corporal durante nuestra adultez,
esto es después de una etapa de construcción anatómica en la niñez y
adolescencia, nos encargamos de continuar minando nuestra salud y deformando nuestra
morfología corporal, no solo con hábitos deficientes o nulos de actividad
física, sino también con un alimentación cada vez más regida por la ansiedad de
“llenarse” que por la necesidad de “satisfacerse”.
Partir de una consideración funcional del cuerpo
nos puede dar un indicio de la forma en que la belleza surge y puede ser
valorada, es decir podemos establecer parámetros universales de belleza
independientemente de la raza.
La estructura corporal contiene la cantidad
necesaria de músculos, huesos, extremidades y formas anatómicas exactas para el
nivel de evolución en el que nos encontramos, esto desde hace miles de años. Su
diseño obedece a la funcionalidad de los mismos y a su utilidad altamente
eficiente y efectiva. Eficiente porque nos permite realizar movimientos
fundamentales y desarrollar los mismos hasta niveles de complejidad y
diversificación. Efectiva porque a través de una correcta aplicación del
movimiento podemos lograr los resultados que deseamos.
Esta forma de ver funcionalmente al cuerpo nos
permite entender el por qué decimos que somos nosotros los que hemos
contribuido a deformar la belleza y además a convertirla en una característica
que está solo al alcance de unos pocos afortunados.
El “Mundo Moderno” ha limitado el libre desarrollo
de las actividades físicas para las cuales está originalmente diseñado nuestro
cuerpo, evolutivamente hablando; al convertirnos solo en seres pensantes muchas
de las funciones de nuestra anatomía parecen ahora innecesarias, obsoletas o
cuando menos poco recurrentes.
La atrofia general (física, fisiológica e
incluso psicológica) de nuestro cuerpo es por consiguiente una consecuencia de
la maximización del desarrollo de nuestra inteligencia para incrementar la
productividad; la facilitación de actividades para aumentar el descanso y
reducir el esfuerzo físico han traído como consecuencia el “sedentarismo
físico”; por consiguiente se degeneración y degradación funcional y
morfológica.
Degeneración porque el número de habilidades
que originalmente nuestro cuerpo puede realizar van siendo limitadas, reducidas
y anuladas en gran parte por la falta de movimientos para los que fueron creados
originalmente, en lo que una actividad física permanente contribuye a mantener.
Degradación porque aunado a la tendencia por
reducir el esfuerzo y maximizar resultados vía intelecto, está el propósito por
hacer mas placentera la vida a partir del desarrollo de los sentidos,
originalmente concebidos para percibir nuestro entorno y mantenernos alertas
para nuestra sobrevivencia, se han convertido en herramientas que exploran
nuevas formas de sensaciones que nos permitan experimentar nuevas y
sofisticadas formas de placer y no solo de satisfacción de nuestras necesidades
básicas.
La civilización no es problema a la salud y belleza
de las personas; es la falta de equilibrio en la forma en que vivimos
cotidianamente y la manera en que creemos valorar mas la vida. De que sirve ser
una persona exitosa y adinerada si la salud
y el aspecto reflejan lo contrario a lo que buscamos, la felicidad.
No podemos olvidar qué somos y cómo somos, es
decir de qué estamos hechos y cómo funciona y para qué sirve nuestro cuerpo;
tener un desarrollo equilibrado físico no significa solo tener estímulos
durante las etapas primeras de nuestro desarrollo, la niñez y adolescencia,
significa que demos impulsar y desarrollar nuestras capacidades corporales a lo
largo de nuestra vida, manteniendo por siempre nuestro cuerpo apto funcional y
estético.
Sin rebasar los límites racionales y naturales
de nuestras capacidades, estimular nuestra actividad física para mantener su
funcionalidad nos da además la posibilidad de mantenernos con una belleza
física por siempre, la cual nos ha sido dotada en forma natural.
Las proporciones o dimensiones, la simetría, la
tonificación y la habilidad de nuestro cuerpo nos dan una belleza natural que
desaparece cuando nos olvidamos de ejercitarlo, cuando nos olvidamos que
nuestro medio de transitar por esta vida, que no hay cambio y que de nosotros
depende que nos lleve muy lejos, adonde queremos llegar.
