jueves, 14 de julio de 2016

La Pasión Por Estar Bien


“La Pasión Por Estar Bien...”

Por

Cutberto Vázquez Castillo



BELLEZA POR SIEMPRE


¿Por qué existen personas de una belleza física envidiable y a otras la naturaleza las ha desfavorecido...,  o al menos eso creemos?

Los perfiles de belleza humana varían y se rigen bajo diversas consideraciones propias de la época, de la geografía, de las costumbres y de la raza; sin embargo la naturaleza ha establecido “cánones naturales” de belleza física que los seres humanos nos hemos encargado y empeñado en en deformar.

Dos aspectos de belleza importantes en el cuerpo de hombres y mujeres destacan, por un lado el cuerpo, por otro el rostro.

Hablemos en esta ocasión del cuerpo. La naturaleza nos ha dotado de un cuerpo funcional apto para enfrentar los condiciones que nos plantea la adaptación a nuestro medio circundante, extremidades para realizar movimientos, estructura para soportar nuestro esqueleto y órganos, y esto es así desde que “El Hombre” (como especie) apareció en el Planeta Tierra.

Su belleza radica precisamente en su aspecto morfológico y funcionalidad para los que fue diseñado; como una máquina el cuerpo humano requiere de cierta cantidad de “combustible” para mantener su estado óptimo; cualquier excedente o disminución atrofia la “maquinaria” y deteriora o dificulta sus funciones y estructura..

Somos nosotros los que destruimos la belleza del cuerpo, durante su desarrollo con una inadecuada actividad física necesaria para estimular su crecimiento y definitiva formación, misma que nos acompañará el resto de nuestra vida: músculos moldeados y fortalecidos, esqueleto resistente y articulaciones aptas a movimientos diversos, funcionamiento óptimo de nuestros procesos orgánicos,  son solo algunos de los aspectos en los que el ejercicio contribuye durante nuestro desarrollo.

De igual manera alteramos la belleza anatómica con una ingesta alimenticia deficiente en su aporte nutricional y peor aun excedente en la cantidad de grasas y azucares que no solo disminuyen su rendimiento y dañan sus partes, sino que además alteran significativamente su forma.

Durante nuestra edad adulta, de haber hecho ejercicio durante nuestras etapas anteriores de desarrollo (“construcción del cuerpo”), nuestro cuerpo estaría altamente calificado para enfrentar las cargas de trabajo físico e intelectual a las que las circunstancias de la vida nos enfrenta, manteniendo un estado de salud que se manifiesta en la disminución de riesgos en la salud física con un cuerpo fuerte y resistente en su sistema músculo-esquelético, en la salud fisiología y orgánica con un sistema cardiovascular altamente resistente y en un estado de salud mental que mantiene nuestra vitalidad en el rendimiento cotidiano y se traduce en una mejor interacción social y valoración personal (autoestima).

Sin embargo, contrario a lo anterior, lejos de continuar con una cultura de mantenimiento corporal durante nuestra adultez, esto es después de una etapa de construcción anatómica en la niñez y adolescencia, nos encargamos de continuar minando nuestra salud y deformando nuestra morfología corporal, no solo con hábitos deficientes o nulos de actividad física, sino también con un alimentación cada vez más regida por la ansiedad de “llenarse” que por la necesidad de “satisfacerse”.

Partir de una consideración funcional del cuerpo nos puede dar un indicio de la forma en que la belleza surge y puede ser valorada, es decir podemos establecer parámetros universales de belleza independientemente de la raza.

La estructura corporal contiene la cantidad necesaria de músculos, huesos, extremidades y formas anatómicas exactas para el nivel de evolución en el que nos encontramos, esto desde hace miles de años. Su diseño obedece a la funcionalidad de los mismos y a su utilidad altamente eficiente y efectiva. Eficiente porque nos permite realizar movimientos fundamentales y desarrollar los mismos hasta niveles de complejidad y diversificación. Efectiva porque a través de una correcta aplicación del movimiento podemos lograr los resultados que deseamos.

Esta forma de ver funcionalmente al cuerpo nos permite entender el por qué decimos que somos nosotros los que hemos contribuido a deformar la belleza y además a convertirla en una característica que está solo al alcance de unos pocos afortunados.

El “Mundo Moderno” ha limitado el libre desarrollo de las actividades físicas para las cuales está originalmente diseñado nuestro cuerpo, evolutivamente hablando; al convertirnos solo en seres pensantes muchas de las funciones de nuestra anatomía parecen ahora innecesarias, obsoletas o cuando menos poco recurrentes.

La atrofia general (física, fisiológica e incluso psicológica) de nuestro cuerpo es por consiguiente una consecuencia de la maximización del desarrollo de nuestra inteligencia para incrementar la productividad; la facilitación de actividades para aumentar el descanso y reducir el esfuerzo físico han traído como consecuencia el “sedentarismo físico”; por consiguiente se degeneración y degradación funcional y morfológica.


Degeneración porque el número de habilidades que originalmente nuestro cuerpo puede realizar van siendo limitadas, reducidas y anuladas en gran parte por la falta de movimientos para los que fueron creados originalmente, en lo que una actividad física permanente contribuye a mantener.

Degradación porque aunado a la tendencia por reducir el esfuerzo y maximizar resultados vía intelecto, está el propósito por hacer mas placentera la vida a partir del desarrollo de los sentidos, originalmente concebidos para percibir nuestro entorno y mantenernos alertas para nuestra sobrevivencia, se han convertido en herramientas que exploran nuevas formas de sensaciones que nos permitan experimentar nuevas y sofisticadas formas de placer y no solo de satisfacción de nuestras necesidades básicas.

La civilización no es problema a la salud y belleza de las personas; es la falta de equilibrio en la forma en que vivimos cotidianamente y la manera en que creemos valorar mas la vida. De que sirve ser una persona exitosa y adinerada si la salud  y el aspecto reflejan lo contrario a lo que buscamos, la felicidad.

No podemos olvidar qué somos y cómo somos, es decir de qué estamos hechos y cómo funciona y para qué sirve nuestro cuerpo; tener un desarrollo equilibrado físico no significa solo tener estímulos durante las etapas primeras de nuestro desarrollo, la niñez y adolescencia, significa que demos impulsar y desarrollar nuestras capacidades corporales a lo largo de nuestra vida, manteniendo por siempre nuestro cuerpo apto funcional y estético.

Sin rebasar los límites racionales y naturales de nuestras capacidades, estimular nuestra actividad física para mantener su funcionalidad nos da además la posibilidad de mantenernos con una belleza física por siempre, la cual nos ha sido dotada en forma natural.

Las proporciones o dimensiones, la simetría, la tonificación y la habilidad de nuestro cuerpo nos dan una belleza natural que desaparece cuando nos olvidamos de ejercitarlo, cuando nos olvidamos que nuestro medio de transitar por esta vida, que no hay cambio y que de nosotros depende que nos lleve muy lejos, adonde queremos llegar.









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