EL EJERCICIO MAL VISTO.
PorCutberto Vázquez Castillo
Nuestro país aduce de una deficiente y casi nula cultura del deporte;
mientras en otros países, los desarrollados en general y algunas raras
excepciones como Brasil, cuentan con un desarrollo deportivo que es parte
esencial de su dinámica social, de salud, de esparcimiento, de recreación e
incluso educacional.
En México sin embargo dado el bajo nivel de fomento al deporte, este es
visto como una forma de recreación (entiendase diversión), que si bien se le
reconoce cierta importancia en la infancia es en esta etapa también , donde el
ejercicio empieza a perder su significado de salud y estimulo al desarrollo
para pasar a segundo termino en la adolescencia, y casi en el olvido en la edad
adulta.
En nuestro país hacer deporte es
visto como un lujo, una moda o una ineludible y penosa necesidad por recobrar
la salud, nunca como parte de un estilo de vida sano.
Hacer deporte es visto como un lujo porque tradicionalmente es una
actividad que profesionalmente no tiene expectativas de desarrollo, y si bien
en la actualidad la mayor parte de las carreras han perdido potencial de
progreso para sus profesionales, el deporte ha sido visto como el refugio de
aquellos que no tienen aptitudes académicas, que han fracasado en estudios
técnicos o humanistas o que definitivamente ven en el deporte el ejercer un
“oficio” redituable, de esta forma los que deciden por el camino del deporte
como profesión no lo hacen por una vocación que exprese aptitudes y actitudes
para desempeñarlo.
Como moda el ejercicio ha tenido su “época dorada” como herramienta para
lograr tener la figura ideal de la mujer y el hombre actuales. Vitales,
vigorosos, bellos y casi perfectos, los modelos y estereotipos que la
mercadotecnia nos marca, no dejan lugar a dudas sobre la importancia de hacer
ejercicio.
Si bien ahora se destacan las virtudes del ejercicio con respecto a la
salud física y mental de los individuos, el ejercicio como moda esta sufriendo
un fuerte retroceso al proliferar formas de bajar de peso y de tener ese
aspecto aparentemente sano de cuerpos delgados y bien formados.
Suplementos y complementos alimenticios, “metabolizadores” de grasa,
aceleradores cardiacos, inhibidores de apetito, dietas, aparatos de “ejercicio
pasivo” como “contractores musculares”, accesorios como fajas reductoras,
modeladoras y “simuladoras” (aquellas que debajo de la ropa dan simetría al
cuerpo); o incluso operaciones estéticas (prótesis, injertos, liposucciones,
lipoesculturas, “engrapado de estomago”, extirpación de tejido adiposo, etc.);
y por supuesto las conductas patológicas como la anorexia y la bulimia, en
primera instancia han “golpeado” el deseo general por ejercitarse al contar con
formas como las arriba mencionadas, mas “rápidas” para lograr estar esbeltos.
Todos los medios anteriores para lograr la figura ideal hacen la
necesidad de reformular la “moda del ejercicio” en “la necesidad de
practicarlo”, cada vez son mas frecuentes las afecciones a la salud por el uso
indiscriminado sin supervisión ni estabilización, de estos medios y productos
de “adelgazamiento”, pero también se hace mas evidente su inutilidad por su
temporalidad (funcionan en un plazo corto de tiempo) y por su riesgo al
sacrificar salud orgánica por belleza aparente.
La falta de efectividad en estas formas o métodos para “verse bien” se
nota en el ataque publicitario a segmentos de mercado cada vez mas específicos
susceptibles a los mensajes comerciales, sobre todo los adolescente y jóvenes
adultos, perdiendo la valiosa oportunidad de consolidar en esta etapa el
ejercicio como una “actividad cotidiana” en la vida de los individuos que
aporta valores como la perseverancia, la disciplina y la superación.
Pero este cambio de enfoque sobre la necesidad de
practicar el ejercicio para tener un estado de salud optimo no puede ser
improvisado en etapas tardías de la vida de las personas y sobre todo como
sucede, en etapas en las que su practica es sugerida y requerida como una forma
de mejorar la salud ya sea por rehabilitación, por modificación de factores de
riesgo (como hábitos perjudiciales a la salud: fumar, beber café, sedentarismo,
et.)., por disminución del estrés, por mejoramiento de la autoestima o por
evasión de estados depresivos; es necesario entonces que se adapte desde la infancia.
Si logramos entender el ejercicio como un factor primordial de nuestro
estado de salud permanente lograremos estímulos de desarrollo en la niñez y
adolescencia, un desempeño y rendimiento maximizados en la etapa adulta y un
estado de salud optimo en la vejez al retrasar la aparición o reducir los
efectos de las enfermedades degenerativas propias de esta etapa.
De esta manera en nuestro país el ejercicio no puede seguir siendo visto
como una forma de recreación en la niñez, de esparcimiento en la adolescencia,
de alternativa educacional en la juventud, de “antídoto” en la edad adulta o
como simple esparcimiento en la vejez.
Debemos de comprometer la actividad física dentro de nuestras vidas ya
sea como ejercicio cotidiano o como la practica de un deporte; como una
necesidad de salud e higiene mental, y como un hábito cotidiano.
Así como comer y dormir son necesidades para nuestro organismo el
ejercicio debe ser visto como un requerimiento físico, orgánico y mental
indispensable para la vida.
En la niñez contribuye junto con la alimentación, al sano desarrollo
estimula la psicomotricidad, desarrolla aptitudes, y aporta las primeras bases
emocionales a la personalidad; en la adolescencia además de continuar
consolidando el sano crecimiento al estimular el desarrollo muscular y la
osificación de huesos es indudable su aportación a la definición del carácter
mediante el manejo de los valores que le dan sustento, de igual forma canaliza
la “energía” propia de esta etapa y reduce las posibilidades de inestabilidad
emocional o desorientación al propiciar la “entrega” física y mental en la
practica deportiva.
Un individuo que a lo largo de sus primeras etapas a practicado
ejercicio en forma cotidiana refleja en su juventud y edad adulta un estado de
salud y emocional óptimo, un físico apto y un alto rendimiento en su actividad
diaria y además por supuesto, de una autoestima aceptable y un aspecto
agradable.
En su etapa de vejez el individuo que ha hecho del ejercicio un hábito
sufrirá en menor grado o nulo los efectos de las enfermedades y padecimientos
propios de la edad, tendrá mayor plenitud física, orgánica y de esparcimiento.
Hacer ejercicio es cosa seria, en un país con tantas carencias, las
personas podrían encontrar en el deporte mas que un rato de esparcimiento o una
actitud de vanidad una herramienta para enfrentar los retos que la vida le
depara.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario